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El tema de la discriminación ha tenido un repunte en importancia gracias al terrible asesinato del estadounidense George Floyd, el 25 de mayo de 2020 en el vecindario de Powderhorn, en la ciudad de Mineápolis, Minesota, como resultado de su arresto por parte de cuatro policías locales.

Este asesinato sería uno más de los que quedan impunes, debido a la xenofobia y los abusos policiales dirigidos de manera constante hacia los ciudadanos estadounidenses de etnia afroamericana, los cuales suelen ser más frecuentes que los cometidos contra ciudadanos de otros aspectos étnicos.

Sin embargo, la población de Mineápolis recurrió a protestas en distintos grados de enojo, los cuales se han extendido incluso a la capital del país y más allá de sus fronteras, poniendo en jaque incluso la seguridad de la Casa Blanca y edificios de gobierno en todo el territorio de la potencia.

Estos hechos renovaron la fuerza del movimiento #BlackLivesMatter (Las Vidas Negras Importan) y han generado grandes protestas en todo el globo. En México nos hemos cuestionado sobre el racismo, ya que por no tener una enorme población afro mexicana se puede pensar que no existe tal cosa como la discriminación por etnias, pero todos sabemos que no es así.

Basta recordar la terrible campaña de odio que se desató cuando Yalitza Aparicio fue nominada a toneladas de premios por su actuación en la película Roma, de Alfonso Cuarón. Revistas de gran glamur y todas las academias de artes cinematográficas se rendían ante la actuación de la Oaxaqueña, pero ¿qué sucedió en México? No todos estaban orgullosos.

La envidia de actrices y actores forzó que se le discriminara en la entrega de los premios Ariel, mucha gente repartía memes (y aún lo hacen) sobre la “india” que más servía de “sirvienta” que de actriz, llamándola “mona vestida de seda”, por lo menos, pues no era como lo fija el estándar estético aceptado de la industria. ¿Quieres saber quién discrimina en México? Pregúntale sobre Yali. Si te dice que “no es racista pero…”, sí, es racista.

Y ese racismo, vestido de policía autoritario es nuevamente, como cada semana, como cada día, como en cada punto de nuestro país; acompañado de discriminación por clase social, la razón por la que tenemos nuestro propio George Floid, en Guadalajara. Giovanni López, albañil, acosado, arrestado y asesinado por policías en la capital de Jalisco.

Se le “detuvo” por no usar cubrebocas. Se le ingresó vivo a los separos y se le devolvió muerto a sus familiares. Las justificaciones son las de siempre, las de cada día. Según, que se puso intenso. Y por eso es la prepotencia y la falta de lealtad de la policía de nuestro país la que nos pone en riesgo a todos.

Y si le preguntas a cualquiera que haya sufrido la prepotencia y abuso de poder de los policías te dirá que así son las cosas, que mejor cooperes o te aguantes, porque siempre son así. ¿Y por qué soportarlo? ¿Por qué seguir permitiendo que suceda? Las primeras protestas en Guadalajara, esta tarde, terminaron en policías y protestantes golpeados, dos patrullas quemadas, las puertas del palacio de gobierno quemadas y derribadas y algunos detenidos. ¿Crecerá esto hasta igualar los efectos de las protestas en Estados Unidos?

Yo solo pienso que nadie tiene por qué ser discriminado. Pienso que ya es hora de que se acabe ese lenguaje de odio contra nosotros mismos. Sí, el odio es algo natural y humano, pero cuando se dirige a las personas es destructivo y miserable; odiarnos por el tono de nuestra piel, etnia o situación económica es, poco menos que infame y fatídico. Este tipo de odio solo puede terminar en muerte y pena. Esperemos que eso no suceda, pero creo que ya es, hasta cierto punto, inevitable.

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