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No me digan que no les pasó a ustedes, mujeres y hombres, todos tuvimos un despertamiento hormonal en algún punto, al menos, en la mayoría de nosotros, ese despertar estuvo ligado al descubrimiento de la sexualidad.

Si todo salió bien (que seguramente no) tuviste información adecuada de primera mano con la confianza de tus padres y alguna que otra persona con conocimientos médicos que aportara en tu educación sexual. Si así fue, mucho de lo que te dijeron incluía la frase el desnudo no es malo o sentir excitación no es malo. Pero henos aquí, en pleno inicio del siglo XXI con redes sociales escondiendo los pezones femeninos, censurando los senos de madres amamantando, gritos y chiflidos que se dan a las mujeres en la calle hasta hacerlas sentir ganas de que la tierra las esconda e incluso hombres eyaculando en el camión a chicas que solo quieren llegar sanas y salvas a sus destinos, porque ellos creen que así se trata a la mujer.

Hasta donde yo recuerdo, los 60’s y 70’s del siglo XX fueron un desbordamiento erótico, una revolución sexual donde se enarbolaba la bandera del amor libre, el naciente poliamor, la liberación del pecho femenino, la libertad personal de sexualizar el cuerpo propio y de vivir en plan de haz el amor y no la guerra. La fiesta acabó en los 80’s con la pandemia de SIDA y las amenazas religiosas de los conservadores que aseguraban, dios había enviado el juicio por tanto sexo desenfrenado.

Foto de Valeria Boltneva en Pexels

Pero ese no es el tema. En concreto, la correlación entre erotismo y pornografía es enorme y estrecha (por favor, no piensen en otras cosas) pero también hay muchas diferencias. Es como decir que blanco y negro son lo mismo por tratar de color o luz, pero en realidad entre ellos hay millones de tonalidades (son más de 50 sombras de gris, por así decirlo).

Erotismo, según Oxford, es “pasión de amor” y “amor sensual exacerbado”, sinónimo de sensualidad. Pornografía es la “descripción o representación de escenas de actividad sexual” y la “obra literaria, artística, cinematográfica, etc., que describe, presenta o muestra actos sexuales de forma explícita con la finalidad de excitar sexualmente”.

Para una mente simple, todo es lo mismo: sexo, excitación, ganas de tomar los cuerpos de otras personas y poseerlos. Pero la sutileza de los términos hace grandes diferencias.

Foto de Ketut Subiyanto en Pexels

Erotismo es pasión y sensaciones sin límites (experiencias sensibles) y ambos, relacionadas con el amor. El porno es simplemente la descripción de actos sexuales explícitos (esta palabrita es importante) para crear excitación sexual. ¿Entonces no es lo mismo? Si te lo tengo que explicar a estas alturas, no lo vas a comprender ni con detalles.

Erotismo viene del nombre del dios griego del amor, Eros, ἔρωτς dando pie a la palabra ἔρωτος (erotos), lo que tiene que ver con el dios del amor Eros. No es solo mirar por la cerradura a escondidas mientras otra persona se desnuda dentro de una habitación (lo cual, si no se hace como parte de un juego sexual consentido, es un delito, están avisados), tampoco es mirar una revista Playboy en el baño a escondidas de los padres. El erotismo es un hábito, una percepción profunda y consciente que puede requerir la participación de espectadores o no, puede ser íntima y personal o pública y provocadora. Aquí es donde se deja claro que, por muy excitantes que sean las fotos de una revista Playboy o su sitio web, la marca editorial solo publica erotismo. Es una adoración al amor que despierta la sensualidad de (las sensaciones que transmiten) las y los modelos (cuando se publica de ambos); una veneración, no al cuerpo de la mujer o del hombre, sino a lo sublime de la contemplación.

Foto de Lucas Malgas en Pexels

Y más allá de los estereotipos de altura, delgadez o blancura de piel y dorado de cabellos que se piensa es transmitido por la marca, el erotismo está presente en muchas cosas. Una chica que posa en su Instagram en ropa interior: erotismo. Un hombre que se desnuda y maquilla para otros hombres: erotismo. Una mujer orgullosa de su cuerpo pese a no cumplir con estereotipos físicos: erotismo. Erotismo es la expresión artística de la belleza que involucra la sensualidad más allá de la sexualidad.

El porno, no es menos importante, pero sí es más primario. Busca despertar explícita y claramente los deseos copulatorios, el impulso del coito, o bien, el juego sexual que lleva a un placer claro y definitivo en cualquier aspecto sexual que se comparta. Puede ser muy estético y hasta feminista, creando brillantes imágenes con suaves contrastes que compartan la excitación de una persona o varias durante el acto sexual (simulado o explícito) o bien ser la oscura y sucia mezcla de gritos y nalgadas entre tomas mal hechas con una cámara en mano en baja resolución; o lamentablemente, puede ser la exhibición involuntaria de actos sexuales o la explotación de chicas que quieren ser artistas y son engañadas para pensar en el sexo ante las cámaras como un paso lógico a la fama.

Foto de W R en Pexels

La industria pornográfica es, en gran parte, una maquinaria machista de explotación y abuso de menores o personas indefensas; pero también tiene y ha tenido momentos brillantes que han o están ayudando a revolucionar la sexualidad humana. Actualmente hay mujeres que luchan porque esa exhibición explícita sirva para recordar el placer femenino, para educar sexualmente (pues mucha gente recibe sus primeras lecciones desde el porno) y para llevar justicia a las personas que viven riesgos desde el trabajo sexual.

El porno no nació malo, se ha ido usando para cosas malas. Su finalidad no es transmitir estereotipos y definir la estética máxima como la de cuerpos blancos, sin estrías, de vulvas depiladas y senos agigantados o infantiles. Como cualquier herramienta, desde el fuego, las cuchillas de hierro, la pólvora o la energía atómica; no es malo en sí mismo, porque siempre dependerá de las manos que lo utilizan y los fines con los que se explota.

Foto de cottonbro en Pexels

Es necesario asumir que toda la cultura humana está llena de erotismo y debemos definir claramente sus límites para evitar los riesgos a menores, la explotación y el maltrato, la violencia sexual o el robo de desnudos y la publicación no consentida. Es necesario que se deje de usar la fotografía o el dibujo “artísticos” como método para explotar a personas indefensas. Pero es más indispensable trasladar a la pornografía a un uso racional y consensuado en las parejas y grupos de convivencia ética, donde adultos sepan que están mirando un producto de fantasía, no para explotación humana, sino para la estimulación de una vida sexual más plena; que se haga sin falsas promesas y sin engaños con fines de explotación y consumo humano.

Y es necesario acercarnos a personas expertas en sexualidad con grados académicos (no coaches, por favor, esos ni en tiktok deberían estar) y poder hacer preguntas, expresar dudas y aprender lo que no pudimos conocer desde niños. El sexo puede ser increíble, pero está tan lejos del porno como el trabajo de tu policía de barrio está de una película de James Bond.

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Carlos González, El Samurái