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Hoy, 23 de noviembre, es día del poliamor. La iniciativa nace desde que el 23 de noviembre de 2011 la Suprema Corte en Columbia Británica, Canadá, reglamentó que la llamada ley anti-poligamia “no era aplicable a las familias poliamorosas no formalizadas – aclarando que el poliamor, como se practica en Canadá, es legal y no es un acto criminal”.

Pero más allá de esta fecha y de la maravillosa posibilidad de vivir visiblemente el amor libre y consensuado en una de las naciones más avanzadas del planeta, el poliamor es poco conocido aún y mucho menos comprendido en Latinoamérica. Básicamente, es una cosa de escándalo que va en contra de las prácticas morales y tradicionales enseñadas por las religiones cristianas tan impuestas en nuestras comunidades.

¿Qué es poliamor?

Poliamor es la libertad de relacionarnos emocional y/o sexualmente con cualquier número de personas siempre y cuando todos los involucrados estén de acuerdo y sepan de las relaciones establecidas. Es una práctica de honestidad y libertad, pero el común de la población que se presume “monógama” le llama simplemente “putería“. Y de algún modo, los poliamorosos sabemos que así son las cosas para muchos, que prefieren vivir las relaciones libres dentro de marcos engañosos, hipócritas y adulterados antes que aceptar las responsabilidades de relaciones establecidas en acuerdos abiertos.

Según estudio realizado por el portal Second Love, 57% de las personas en México han sido infieles al menos una vez. Esto significa que una de cada dos personas que vemos en nuestras familias, iglesias, entornos de trabajo y de vida cotidiana han vivido en algún momento de sus vidas una relación con dos personas simultáneamente; y seguramente ha sido a escondidas. Mucha gente lo vive con vergüenza, pero también otros dicen que “ojalá la sociedad aceptara este modo de vida”. ¡Buenas noticias! No es necesario que la sociedad acepte nada de esto, pues toda acción ética es parte de la vida social lícita y, el poliamor, principalmente es ético.

Para estos puntos, acompaño con unas infografías que algunos seguramente habrán visto y que hice algunos años para la comunidad poliamorosa de Xalapa, Veracruz.

Los Polifakes

Un polifake es una persona que se dice poliamorosa pero que en realidad parte de acciones machistas o violentas para engañar a alguien más, normalmente una o varias mujeres, y hacerles creer que es responsable y ético, pero solo busca multiplicar egoístamente su placer personal, impidiendo que ellas se relacionen con más personas, imponiendo normas machistas de comportamiento, o engañando con supuestos intereses románticos para acceder a relaciones sexuales sin la responsabilidad que implica tener acuerdos.

También puede ser que personas del movimiento swinger quieran pasar por poliamorosas sin serlo para tener experiencias sexuales sin compromisos prolongados, lo cual no es del todo malo, pero no deja de ser algo separado del poliamor.

Lo que sí es terrible y se considera un abuso, es una persona adúltera que realiza su engaño desde la falsa idea de que vive un tipo de “poliamor a escondidas”.

Este tipo de personas son la cara negativa que medios de comunicación y críticos del poliamor explotan, pues sus actitudes claramente abusivas despiertan la idea de que el poliamor “es pura cogedera”, cuando en realidad estas son personas sin escrúpulos que abusan de la apertura y confianza de otras.

Ejemplos de poliamor

De manera concreta, si tú tienes pareja y esa persona sabe que te estás viendo con alguien más fuera de su relación para algo que “se supone” es exclusiva de una relación cerrada, como ir al cine, a tomar café, ir de viaje de placer, están viviendo ya un tipo de poliamor. No necesita haber interacción sexual para ello.

Desde luego que la interacción sexual puede ser parte de las relaciones abiertas consensuadas y hay muchas maneras de expresarlo. En mi caso, vivo una relación en triángulo, donde yo comparto mi vida con dos chicas que no están relacionadas entre sí; ellas a su vez, se relacionan en diferentes niveles con otras personas.

Si la relación se tuviera entre tres, como en la serie de Netflix You, Me, Her (tú, yo y ella), sería una trieja. Estas relaciones pueden ser de polifidelidad, donde se vive una exclusividad entre los involucrados, o abierta a otras personas, llegando incluso a la anarquía relacional (que es más parecido lo que mis vínculos y yo vivimos); siendo capaces de gestionar todo tipo de vinculaciones responsables en diferentes niveles de profundidad y compromiso; pero, siempre con cuidado de no dañar las emociones, la salud sexual y los afectos de nadie.

El poliamor no es de ninguna manera una panacea o solución a las relaciones humanas, pero, al dejar abierta la gestión relacional a la madurez y capacidad afectiva de cada persona, se convierte en una maravillosa herramienta para explorar adecuadamente y sin engaños distintos niveles de relaciones y compromisos. Incluso una persona poliamorosa puede seguirse considerando así, pero viviendo relaciones monógamas o eventualmente con un solo vínculo. No hace falta tener en la práctica dos o más relaciones, pues es cosa de principios, lealtad y honestidad. Tampoco hace falta tener prácticas sexuales con más de una persona, así que incluso quienes se consideran asexuales pueden formar parte de una polícula, es decir, de una célula o grupo de relaciones de personas practicantes del poliamor.

Así pues, el hecho de que países desarrollados como Canadá legitimen las relaciones no monógamas consensuadas de esta forma, ayudan a visibilizar y permitir de manera natural que exploremos estilos de vida afectivas y sexuales de manera responsable y ética. Sí, para muchos que quieren vivir con un apego y exclusividad en sus relaciones este estilo de vida es improbable o indecente; pero para quienes hemos abierto la puerta a otras posibilidades, el poliamor es la manera lógica de vivir con ética y responsabilidad lo que nuestras condiciones diversas nos empujan a experimentar en las relaciones. Como dicen, el poliamor no es para todos, pero la monogamia, tampoco.

Comunidades Poliamorosas

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